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El Sendero del Chaman

La larga y silenciosa metamorfosis de la vida

La larga y silenciosa metamorfosis de la vida

No habría mariposas si la vida no pasa por largas y silenciosas metamorfosis …

La dimensión de la existencia humana va mucho más allá de lo que podemos sentir o medir y mucho menos comprender.

Nuestra rigidez e incapacidad para entender lo que nos sucede a cada momento, la mayoría de las veces, nos paraliza y nos coloca ante e inminente ojo del huracán, «como si no hubiera salida», o no existiera un mañana… tal como si no hubiera tiempo suficiente para darnos un respiro y llorar nuestras penas.

Cuando estamos dentro del huracán o ante alguna de las tantas travesías a las que tenemos que pasar, tendemos a olvidar que la vida también está constituida por transiciones, ciclos, cambios a los que tenemos que acceder a fin de que podamos crecer y convertirnos en algo mucho más cercano a aquello que realmente somos.

Son las largas y silenciosas metamorfosis de la vida, como habló Rubem Alves, y sin las cuales seguiríamos siendo orugas o mariposas siempre con los mismos colores.

«El alma es una mariposa… Hay un momento en el que una voz nos dice: Ha llegado el momento de una metamorfosis importante..»

Rubem Alves

Evidentemente, por nuestra condición humana de limitación y, consecuentemente, incapacidad de comprender todo aquello que nos forma (interna y externamente), sentimos una enorme dificultad en pasar por esos momentos, lo que en algunos casos puede ser incluso más desesperante, con síntomas graves, como la ansiedad y la depresión provocados por nosotros mismos.

Sin embargo, es necesario que busquemos percibir que: «grandes cosas surgen de nuestros momentos más difíciles» y que si estamos pasando por un momento amargo que no logramos controlar, es mejor no luchar contra él, mucho menos intentando aferrarnos a momentos que ya no existen o forzosamente queriendo llegar a lugares futuros cuanto antes.

Es necesario aprender a convivir con ese tiempo, sabiendo que las caídas forman parte de la vida, así como las transformaciones que de ellas se derivan. Dicho de otro modo, necesitamos como los arboles, aprender a soltar nuestras hojas en otoño, para así poder pasar por el fría invierno y retoñar en primavera siempre enteros, ya que, aunque no lo percibamos, siempre hay ramas que necesitan ser podadas o retiradas para que nuevas ramas pueden crecer.

Es como en la historia del Principito, en la que la rosa dice al principito que necesitará soportar dos o tres larvas (orugas) si quiere conocer las mariposas.

Todos sabemos cuan difícil es soportar ser esa «larva», sentirnos tan pequeños ante la inmensidad de este universo. Sin embargo, es en ese mismo universo que habitamos, donde el dolor y el sufrimiento se hacen presentes, para que también descubramos la inexplicable poesía de la vida y ese amor que nos brinda sin más.

Siendo así, en cada travesía que hacemos se esconde una transformación, pues por cada cosa que muere, hay siempre otra que nace, ya que: «debemos morir a una vida, antes de que podamos entrar en otra».

Es por eso que, somos como ríos que van fluyendo, reconstruyéndonos de un modo diferente a cada tempestad que nos sacrifica, pues somos seres transitorios y es en esa transitoriedad que nos encontramos. Por eso, recordemos que:  «La vida sólo es posible reinventándonos» – para que cada estación podamos experimentar el viento con un nuevo gusto y lavar nuestra alma con una nueva luz.