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El Sendero del Chaman

La Maestría del Amor

la maestria del amor

Especialízate en la maestría del amor.

La felicidad sólo puede provenir de tu interior y es el resultado de tu amor. Cuando te das cuenta de que ninguna otra persona puede hacerte feliz y que la felicidad es el resultado de tu propio amor, habrás iniciado el camino de autonomía más importante de tu vida.

En “La maestría del amor“, Miguel Ruiz te señala las heridas emocionales que dirigen tus exigencias y, consecuentemente, tus frustraciones, y te muestra la cara del amor autónomo, ése que crece dentro de ti como en una “cocina mágica”.

Sana tu mente: Una mente herida no puede amar.

Imagina un pueblo en el que todo el mundo padece una extraña enfermedad de la piel que hace que esté llena de heridas en carne viva. Imposible tocarles (abrazarles, besarles, darles la mano, pasarles el teléfono). En cualquier parte del cuerpo que se toque hay una herida y se produce el dolor. Ahora imagina un pueblo donde todo el mundo padece una extraña enfermedad de la mente que hace que muchas palabras resulten dolorosas, ciertas miradas, gestos, actitudes y reacciones que producen celos, rencor, resentimientos, sufrimiento en suma. Una mente llena de heridas en carne viva que hace que duela cualquier forma de contacto o comunicación.

Una mente tan llena de heridas no puede amar, porque amar significa acercamiento y conexión; una mente cubierta de llagas sólo puede sentir el dolor en cada contacto. Y por eso acaba creyendo que el amor es sufrimiento, y que sin sufrimiento no existe amor verdadero. Nada más lejos de la realidad.

Una vez que entiendes el concepto de la mente herida comprenderás por qué son tan difíciles las relaciones románticas. Una mente herida por sentimientos de rechazo, no aceptación, abandono y castigos, una mente herida por el miedo, en suma, es una mente a la defensiva, dolida e inaccesible. Es una mente que ni puede amar ni se deja amar, porque el riesgo es demasiado doloroso.

La enfermedad del miedo.

La enfermedad del miedo se manifiesta a través del enfado, el odio, la tristeza, la envidia o la hipocresía. Los seres humanos vivimos con el miedo continuo a ser heridos y esto da origen a grandes conflictos dondequiera que vayamos. La manera de relacionarnos los unos con los otros provoca tanto miedo emocional que, sin ninguna razón aparente, nos enfadamos y sentimos celos, envidia o tristeza. Incluso decir “te amo” puede resultar aterrador. Y sin embargo, a pesar de todo el dolor nos pasamos la vida persiguiendo migajas de amor, que muchas veces sólo encontramos en el fondo, muy en el fondo, de fugaces encuentros sexuales, donde es inevitable que se cuelen pistas de ternura porque la ternura siempre está ahí.

El amor y la ternura no están fuera (y por tanto no hay que perseguirlos) sino dentro de nuestro corazón -según Miguel Ruiz-, que es como una “cocina mágica” capaz de producir amor constantemente, día y noche, sin descanso. Pero no siempre somos conscientes de ello, y eso hace que a menudo nos perdamos en el camino -mendigando fuera lo que podemos crear a raudales dentro.

¿Qué diferencia al amor del miedo?

El amor no plantea obligaciones. El miedo está lleno de obligaciones.
El amor no tiene expectativas. El miedo está lleno de expectativas.
El amor está basado en el respeto. El miedo no respeta a nada, ni a sí mismo.
El amor no necesita pedir disculpas. El miedo está lleno de pena y lástima hacia todo; el miedo necesita pedir perdón continuamente.
El amor es responsable. El miedo rehuye toda responsabilidad y busca continuas justificaciones.
El amor es amable. El miedo arrasa con reacciones de enfado, tristeza, celos o sentimientos de traición.
El amor es incondicional. El miedo está lleno de condiciones.
El amor es justo. El miedo pasa factura por el mismo error un millón de veces y nunca caduca.
El amor aprende de los errores. El miedo crece en su miedo después de cada error.
El amor da sin esperar nada a cambio, por el placer de dar. El miedo se resiste a dar y prefiere recibir, o de lo contrario desconfía y se siente utilizado.

Para ser maestro en una relación tienes que trabajar en ti mismo. El primer paso consiste en tomar conciencia de que todas las personas viven su propio sueño. En una pareja hay dos “sueños”, como mínimo, y tú solo puedes responsabilizarte de tu parte, de tu mitad: de ti mismo. Te resultará más fácil controlar esta parte y trabajar en ella. No te corresponde a ti controlar a la otra mitad sino respetarla. Respetarla significa asumir que tu pareja (o tu amiga, o tu hijo, o tu madre) es completamente responsable de su parte. Si respetas a la otra parte, es más fácil que en esta relación haya paz y no guerra.
La calidad de tu comunicación depende de las elecciones que haces en cada momento, según las ajustes al amor o al miedo. Si te descubres en el camino del miedo (ver recuadro: obligaciones, expectativas, pena, lástima, condiciones, etc.), esa consciencia te ayudará a cambiar el rumbo de tu atención y adentrarte en el camino del amor.
Si eres consciente de que nadie más puede hacerte feliz y de que tu felicidad es el resultado del amor que emana de ti, llegarás a experimentar la gran maestría del amor.

La cocina mágica.

Imagina que tienes en tu casa una cocina mágica que te proporciona la cantidad que desees de cualquier comida del mundo en cualquier momento. Alimentas a quienquiera que venga a verte porque tienes de sobra y por el mero placer de compartirlo.
Imagina que llama alguien a tu puerta y de dice: “Te doy esta pizza si haces lo que quiero y eres como quiero que seas. Te garantizo que te traeré una pizza cada día si me dejas controlar tu vida”. Evidentemente, no funcionaría, porque no necesitas esa pizza. Tienes dentro de tu cocina todas las pizzas , y otros deliciosos manjares mucho mejores, para ofrecer tu vida a cambio de un trozo de pan con queso.
Sería diferente, claro, si tu cocina estuviera vacía y llevaras varios días sin comer. Alguien te ofrece un trozo de pizza y se lo das todo. Y mucho más si te ofrece la seguridad de una pizza diaria en tu cocina vacía. Incluso puedes llegar a sentirte agradecido por salvarte la vida, y confundirlo con amor (tu agradecimiento y su “generosidad”).

Ahora imagínate que hablamos de amor en vez de comida.

Tu corazón es como esa cocina mágica. Basta con abrirlo para que obtengas todo el amor que quieras y más. No hay necesidad de dar vueltas por el mundo buscando y suplicando amor.
Fíjate en cuánta desdicha crean los seres humanos cuando creen que no tienen amor. Se sienten hambrientos de amor y cuando prueban una pequeña porción (aunque sea escaso o de mala calidad) se convierten en personas necesitadas y obsesionadas con ese amor. Son incapaces de vivir sin el suministrador de esa pequeña dosis diaria y harían lo que fuera para no perderlo. Hasta perderse a sí mismas. Y permanecer en el sufrimiento indefinidamente.

Sobre el Autor

Miguel Ruiz – Busca su libro:

Miguel Ruíz, nacido en una familia de sanadores y criado en México por su madre curandera y su abuelo nagual, parecía destinado a mantener la tradición familiar y seguir transmitiendo el conocimiento esotérico tolteca. Sin embargo, atraído por la vida moderna prefirió estudiar medicina y se convirtió en cirujano, hasta que, a comienzos de los años setenta, una experiencia cercana a la muerte hizo un parteaguas en su vida una etapa de introspección que le condujo de nuevo a la antigua sabiduría ancestral. Misma que lo hizo publicar sus dos obras maestras, “Los cuatro acuerdos” y “La maestría del amor”, libros que dieron la vuelta al mundo.

Actualmente, el doctor Miguel Ruíz ha dedicado su vida a compartir esta sabiduría a través de estos libros y de la Fundación Sith Sun donde enseña y armoniza su conocimiento en talleres, conferencias y seminarios guiados, sobre todo en Teotihuacán, México, la antigua ciudad que los toltecas conocían como «El lugar donde el hombre se transforma en Dios».